lunes, 27 de abril de 2009

Quiero...


- Quiero un novio, un novio que me dé la mano y paseos por el parque.
- Mentirosa.
- Es verdad, no quiero follar, quiero que me dé la mano y pasear.
- ¡Pero tía!
- Es verdad, cojones, ¿por qué no me creéis?
- ¡Porque hace un momento has señalado al de la pantalla y has dicho que te lo querías follar!
- Ah...ya...bueno...pero después del paseo por el parque. De muchos paseos por el parque, después de esa tensión preliminar a los preliminares, las cenas, los mensajes por la noche, los descaros, frenar el coche en mitad de la calle y besarme. Ese tipo de cosas. Ese tipo de cosas como viajar de noche, a ninguna parte y a todas, a hostales perdidos de la mano de la Tierra, películas americanas independientes de los ochenta, Spike Lee, que comprenda a Tarantino. No quiero un tío al que tenga que presentarle a Rapsus o a Kase, quiero que los conozca ya. Que sea interesante, que me dé sorpresas, no un ramo de flores en el Diario de Patricia, no ese tipo de sorpresas. Luego ya sí quiero sexo, salvaje, desenfrenado, quiero despertarme al lado de él y estar haciendo el amor, toda, toda, toda la jodida mañana. Y toda la noche, y toda la vida. Quiero que estemos desnudos veinticinco horas al día, ocho días a la semana.
- Eso que dices es amor verdadero, y es imposible.
- Sólo el amor imposible es verdadero.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿sólo el amor verdadero es eso?

creo que eso es vivir verdaderamente el amor!

mua!

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