domingo, 17 de enero de 2010

El lazo azul


"Clara, ya ni los secretos son míos. Bien sabes que escribir con la boca nunca fue mi fuerte, y lo más triste de la despedida es que entre tú y yo, una vez más, tiene que haber testigos. Emilio lleva una bata blanca, gafas de pasta y el pelo muy corto, como si se lo repasara todas las mañanas. Ha estado cuidándome desde el accidente, no creo que llegaras a conocerle, apareció después de que tú me abandonaras. Y tiene gracia, estos últimos meses él es el que ha estado a mi lado, hasta el último segundo, hasta el verdadero último segundo en el que deje esta vida perra. La carta debería escribírsela a él, que ha sido el único capaz de soportarme en cada lágrima, de nadar en ellas para una vez más, sacarme a flote. Pero aquí está Clara, escribiendo la carta que lees, la carta que estoy dictando minutos antes de empujar la palanca que me va a lanzar a la otra vida, si la hay, para hacerme libre, libre de ruedas, sillas, personas. Sí, Clara, estoy en el barranco en el que nos conocimos, cuando tú aún llevabas el lazo azul y el uniforme de las Escolapias, ése que te hacía tan mayor y tan seria a mi lado. He estado recreándome en ese momento todo este tiempo, cuando te acercaste a mí para salvarme la vida. Pero hoy ya no estás, me siento tan inútil como aquel día ¿te acuerdas? Había suspendido todas y no quería volver a casa, la paliza que me iba a dar mi padre iba a ser de campeonato. Cuando apareciste estaba a punto de suicidarme, quería saltar, perder el suelo que me sujetaba a las manos de lija de mi padre. Pero entonces tu lazo azul voló desde el patio del colegio hasta aquí, te sentaste a mi lado y fue más que suficiente. Ahora sólo espero que vuelvas a aparecer, con el mismo lazo –tu lazo- y ojalá lleves también el uniforme, te sientes aquí conmigo y contemplemos lo que nos separa de estar muertos. Inertes. Ya está Clara, no hay nada más que decir, voy a liberarme y caminar por el otro mundo, sonreírle a las chicas guapas y aprobar todas las asignaturas. Y estaré esperando hasta que vengas, sentado en algún barranco."

- Ya está Emilio. Cógeme el lazo azul y átala. Sabes la dirección del cementerio ¿no?

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