domingo, 2 de mayo de 2010

Teresita

Cuarta y última parte

Así que Teresita se hizo a Alcalá de Henares, y la ciudad acabó amoldándose a su forma perfecta, porque ella era capaz de golpear con la luz todos los rincones, incluso los que no tienen ventanas. Empezó a trabajar de profesora en un instituto, el Mateo Alemán, donde hizo muchos más amigos. En el 91 nació Tintín, el niño más gordo y más grande del nido, que como Teresita, y como tú y como yo, sigue siendo pequeño por mucho que crezca. Era una alegría, siempre con esa risa interminable, y la energía infinita de quien quiere siempre jugar un rato más. Claro que hubo también momentos tristes, sino los buenos no hubieran sido así. Un día mis abuelos, los padres de Teresita, se fueron y nosotros lloramos un montón, y les seguimos echando mucho, mucho de menos. Pero nos dejaron esta casa, llena de felicidad y recuerdos buenos. Teresita empezó poco a poco a ser la mujer que es hoy, la que se ha construido a sí misma y ha encontrado el amor propio y ajeno como nadie. La que ha sido capaz de buscar en ella la felicidad, y hacerla invariable, la mujer indestructible, la mujer de la que yo me he enamorado para siempre, por esa felicidad de la que me he colgado porque es infinita. La que amándose tanto, ha conseguido amarnos a todos como nadie. Un día se apuntó a clases de pintura, y ahora las paredes están llenas de sus cuadros, son bonitos ¿eh? Yo a la vez fui descubriendo que pintar desde luego no era lo mío, pero que la escritura se me daba más o menos bien, he aquí este cuento. Cuando llegué tu cumple te contaré tu historia, por ser también la mejor hija del mundo, pero este es el cuento para el cumple de la abuela Teresita, porque ella es la mejor madre del mundo.

Teresita cumple hoy 53 años. Si mi madre hubiera sido otra, no diría qué edad tiene, pero mi madre todavía sigue siendo pequeña, tan pequeña como creía mi abuelo. La niña que nació un 16 de febrero, tiene hoy veintidós años y el corazón lleno de kilómetros cuadrados. Esos kilómetros los llena ella, hoy y todos los días. No es el primer cumpleaños que me pierdo, pero es el que más me duele. Dolerme porque de un tiempo a esta parte, he enredado mi existencia con la suya, y Teresita, mi madre, mi mejor amiga, mi compañera de viaje, mi jefa, mi suelo, mi clavo ardiendo, mi respiración, mi paso adelante, mi letra, es mucho más, todavía mucho más si se puede, mi razón de ser. Y ahora que el tiempo juega en mi contra, y cada minuto con ella es una contrarreloj, es todavía más mis ganas de vivir, mi techo, mi paso atrás, mi cada lección aprendida, mi madre, mi banco, mi plaza, mi sueño, mi risa, mi aliento. Este es el cuento para la hija que todavía no tengo, para la nieta que un día tendrá Teresita, para la niña para la que espero y me conformo con ser la mitad de lo que Teresita es para mí. Con la que espero viajar y compartir tanto, la que seguro será el vértice de un triángulo femenino perfecto.

A Teresita, muchísimas felicidades desde Roma.

1 comentario:

Anónimo dijo...

sencillamente genial, teresita debe estar muy orgullosa

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