viernes, 10 de diciembre de 2010

Nos despedimos en el aeropuerto. Siempre hemos sido muy de estaciones. Fueron intensas las horas, y no fueron nada. ¿Que si follamos? Sí, claro que follamos, como una extensión de las horas, del diálogo, de nuestra historia. Pero a mí no me preocuparía eso. Sabiéndonos bohemios, lo físico es lo de menos. O al menos sabiéndome bohemia a mí, no lo niegues, sabes de mí casi tanto como yo. La palabra es mucho más peligrosa que cualquier acto. Incluso la no escrita. Por eso hay mucho de mí que tú no sabes, y tampoco te voy a contar. Pero bastará saber que sí, que follamos, es lo que quieres saber tú. Aunque yo querría saber otras cosas, la saliva y la piel no me preocupan, tratándose de mí. Un acto mecánico, necesitado, un paso más que ni se cuestiona ni se afirma, uno más, no el paso fundamental ni el objetivo. No para mí, probablemente para él sí. Hasta aquí lo que tú quieres saber, siéntete traicionada, abandonada, y bucea en los océanos del desamor más decimonónico si es lo que te consuela. Pero como no es a mí eso lo que me preocuparía, y la que escribe soy yo –que eso no se te olvide- voy a darte más materia, de la de los sueños, o la real, en que pensar. Porque tengo calma, y la paciencia de quien sabe que ya sabe mucho y le queda todo por saber, y no tengo prisa, y en estos territorios me muevo con la ventaja de ser perra vieja en diferido. Y además la que escribe soy yo, y puedo hacer y deshacer, contarte y no, a mi antojo. Inventar, y decir la verdad, y sabiéndote tú nunca adivinarás cuándo es una cosa, cuándo la otra. Bendita imbécil. Aunque sabiéndome yo, consideraría el tiempo que te dedico. Allá voy. Con toda la tranquilidad y la energía de ser joven, chica, muy joven, he ganado todo lo que quería cuando quería. Les he ganado a todos. He hecho lo que he querido cuando he querido y siempre, de una manera o de otra, he ganado. Y cuando he perdido es porque realmente no me interesaba tanto ganar, hay muchas cosas en la vida como para querer ganarlas todas. Pero con él perdí. La peor de las derrotas. Les he ganado a todos menos a él. Contra él no pude. Gané todas las batallas, cuerpo a cuerpo y a distancia, pero la guerra la perdí. No sé qué ganarías tú, y me da muy igual. Porque lo que me importa a mí es que perdí la guerra. Y eso es lo que nos diferencia, que yo soy tan grande que me importa sólo lo que me pase a mí, y tú eres tan pequeña que tienes que mirar a los demás. Aunque yo no quiera creerlo y aún espere que me sorprendas. Pero eso da igual porque lo que quieres saber es si hubo sexo. Sí, sí hubo sexo, y fue pésimo. Porque es imposible que mis actos lleguen a la altura de mis palabras. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En el fondo sabes que no eres tan grande, lo has demostrado al perderte entre unas líneas dedicadas a darle el dolor que te encanta imaginar q siente.
Eso no es grandeza, sigues sintiéndote pequeña y sigues recordando las batallas q crees ganáste cuándo lo único q hiciste fué abandonarte cada vez q combatias en esos 'cuerpo a cuerpo'.
Pero sobretodo, lo que más pequeña te ha hecho, más q nada de lo que has vivido o inventado, ha sido esa muestra de q, en el fondo, te ha encantado pensar en la posibilidad de inflingirle el dolor q tú misma sentiste al saberte perdedora de esa guerra tuya.

Esperanza dijo...

Vaya, veo que te has identificado con la historia. Un placer ver que hay gente que sigue implicándose con estas pequeñas cosas. En cuanto a la interpretación, no es la que yo le daría, pero como todas, bienvenida sea ;)

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