miércoles, 2 de marzo de 2011

Big Ben

Pensarás que ya era hora. Y con razón. Hace tiempo que no hablamos y no hay excusas. No sé cómo abordar esta conversación, este abandono. Cualquier frase es la peor para empezar, pésima para seguir. Y quizá ésa es la razón por la que he tardado tanto en llegar hasta aquí. Supongo que lo imaginas, que hace tiempo que dejamos de ser uno. Tierra Madre, me parezco a cualquier tío aspirante a hombre de mi generación.

Y no sé si quieres que me explique, si sería lo mejor, o parecería que como siempre me miro al ombligo y pierdo la perspectiva sobre mí misma.

O quizá debiera hablar de cuánto te he querido, y lo que te seguiré queriendo, y parecería así también un perro más del hortelano, con la puerta entreabierta para que no cojas frío, pero que tampoco olvides mis vientos. Mis idas y venidas.

Y a lo mejor debería hablarte de lo que quiero, lo que quiero para mí. Y sería para matarme.

O de lo que a partir de ahora deberías hacer tú, encima, encima. Como si no hubieras rodado, mi amor elegante, por muchos más campos.

No quiero ni ser egoísta, ni egocéntrica, ni ególatra, ni compasiva, ni hija de puta.

Pero lo cierto es que esto hace ya tiempo, como sabes y yo sé, que terminó. Y no quiero soltar el cable, como tú, ni dar un portazo, pero ya somos mayores, sobre todo tú. Sabrás que he conocido a otros más al sur, que el Pantheon ha sido un amor a primera vista, intenso, quinceañero, eterno. Que antes y después ha habido muchos, algunos que ya ni recuerdo, amores de una noche, de unas horas, de un click de fotografía. Y hace ya tiempo que este continente en el que nos hayamos no tiene sentido más allá de la necesidad de un lazo, un lazo a donde nacimos. Que tanta posmodernidad, tanta burocracia, tanto bienestar innecesario, con el tiempo, ha ido haciendo mella. Que los dos sabíamos que algún día yo saldría del meridiano y me enamoraría de otras culturas. Pero nunca pareció que fuera a ser tan rápido. Y en el fondo ha ido todo muy despacio, porque este continente es así, lento, como si le pesaran todos sus años, todos sus miedos. Todos los monumentos con los que me he enrededado y he hablado. Mucho. Diría que demasiado. Pero esta tierra tan lenta, tan tranquila, tan hipócrita, tan cínica, tan monotemática, dinero, trabajo, clases, dinero, trabajo, clases. Productividad, crisis, hipermercado, campo de golf, transporte público, autovía, conferencia, plan de ajuste, divisas, fondos monetarios... me angustia. Y ya no puedo verte con claridad. Levantar la cabeza y mirarte, a las agujas, al reloj que un día elegí como el mejor para perder el tiempo. Mi tiempo. Y ganar. Y verte, y adivinarte, y que no haga falta hablar, a pesar de lo mucho que hablamos.

Pierdo. Toda la claridad, toda la inocencia, toda la energía que empujaban tus campanadas, la fría brisa del Támesis, tu figura espigada, tus detalles, tu elegante altura, posición segura, desafiante. Ya no la veo, se enturbia. Y la culpa es de este continente, de esta generación a la que la vida no ha maltratado como para desear el sufrimiento, de tantos derechos, tantas libertades para al final tanto dinero, que hemos perdido la perspectiva de la vida, que disfrutamos sólo de nuestros ratos libres, y no del resto de nuestras vidas. Que uy! nos unimos al movimiento carpe diem un ratito; no, no hay que disfrutar cada segundo como si fuera el último, pero hay que vivir, hay que vivir y no tener tanta prisa por ahogarnos en esta tierra tan lenta.

Me avergüenzo de lo que hablo. Perdóname tú y no perdonemos a nuestro continente, debí darme cuenta antes y quizá, no haberme enamorado. Pero creo que si volviera a nacer en esta tierra, seguirías siendo tú. Y seguiré visitándote, porque no puedes abandonar Londres, y seguiré hablándote, y me verás crecer. Y te querré siempre y tú a mí también. Pero seremos más libres, ámate aún más y ama a otros. Vive y sigue riéndote, con esa sonrisa interior tan elegante, la ironía de la que sólo puedes tú. Y nadie con tanto estilo. Nunca.

Y sin que sirva para entreabrir, o entrecerrar puertas,
Tú siempre serás, y habrás sido el primero.
La última vez que lo digo. La última vez que lo he dicho.

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