martes, 21 de diciembre de 2010

Lluvia no llora

"Lo cierto, lo único cierto, es que te estás volviendo una miedica. Cobarde. Idiota. Periodista. Todo el día con la libreta y los enlaces de arriba a abajo. Copiando la vida de los demás y buscando alicientes por todas partes. Ya sé que sí, que a ti eso te parece muy importante y no necesitas a nadie para ser feliz. Correcto. Y me enorgullezco, coño, claro que sí, leyendo cables de Wikileaks y documentos muy acertados contra la Ley Sinde. Todo lo que sabes, y todo lo que no sabes. Y más, lo que sabes que te queda por saber. Pepito grillo hace cri, cri. Pero es que esta vez tienes toda, toda, toda la razón, periodista. Y lo malo es que sería preferible no tenerla. Piensa mal y acertarás, por muy poco que nos guste el maldito pronóstico. Lo siento, lo siento un montón. Aunque sepa que vas a luchar como un humorista contra la leucemia por darle la vuelta y mantener lo que crees, que todos somos buenos, y además lo somos porque queremos, y llegarás donde tú quieras llegar. Me da miedo que, y que, y además que, y si por si fuera poco me da miedo que, porque ya sabes que yo, y entonces me da miedo, y aún más miedo me da que, porque claro, dadas las circunstancias no es para menos. Miedo, miedo, miedo. Y aún me da más miedo tener miedo. Aunque salvo en los directos, que se me come y me retiene en estalagmita, te lanzas contra todos los muros. Eso porque la palabra kamikaze suena bien, demasiado bien, y te sienta bien. Y eso sí es muy cierto, no te vas a quedar en el rincón ni aunque te jurarán por que existe Dios que no ibas a hacer otra cosa que sufrir. Pero experimentas, y te ha tocado un poco de todo. Conozco el sonido de la felicidad que da saltos de puntillas, agudo, breve y constante. Y el sabor de las tristezas, ácido, instalado entre los parpadeantes ojos, los temblorosos labios, la fatídica garganta. Multiplicas miedo cuando recuerdas los vuelos altos y las ostias, porque vaya ostias. Y entras en el estado de nervios que no te deja dormir en los trenes de cercanías. Y corres para dejarte la garganta por el camino y que no te duela más. Pero qué viva estás. Tú no vives para el amor, o sí, pero para todos los amores, y se te nota, que amas todo lo que tocas y todo lo que lees, y todo lo que escuchas. Porque amas lo que tocas tú, lo que escribes tú, lo que narras -y a veces, lo que cantas-. Me encanta ese miedo a que, y ese otro miedo a que, porque da miedo que, y sobre todo después de que. Porque me encanta todo lo que saborees en la vida. Y estás tan tranquila, aceptando las veinticuatro horas de tristeza que te concedes mientras relativizas. Con el equilibrio que has resultado de todas tus circunstancias, tus creencias, tus miedos. Antes de pasar a la acción y tomar la decisión, de si merece la pena, si ganas o pierdes. Todas tus fases. Y te gusta ganar, y no te gusta perder, pero pierdes y sabes que pierdes, y otro miedo que te convierte en ti. Y lo cierto, lo único cierto, es que lo que más amas es vivir, vivirte. Feliz, muy feliz, y triste, muy triste. Fuera de la escala de las personas grises. Llena de miedos, miedica, periodista. Pero menos mal que has leído, menos mal que Julio y la Maga te han dado la idea de querer matarte para sentirte viva. Cuánto te quiero, cuánto te quieres."

Y Lluvia cierra el diario después de doblar la esquina, la de abajo, la de "léelo cuando vuelvas a querer matarte".

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