lunes, 31 de agosto de 2009

Y sin embargo...


- No tengo intención de parar hasta que lo consiga. No tengo intención de parar hasta que lo consiga. No tengo intención de parar hasta que lo consiga. No tengo intención de parar hasta que lo consiga.
- Está bien. Eres dura ¿eh?
- Ya, es lo que pasa cuando te metes aquí – se señala entre ceja y ceja-.
- ¿Y por qué estoy ahí?
- No lo sé, es lo que trato de averiguar. Qué cojones has hecho, o en qué pensaba yo mientras lo hacías, o no lo hacías, que es lo más probable, que todo esto me lo esté inventando yo, para meterte ahí.
- Soy fruto de tu imaginación.
- Sería probable. Lo cual, me desagradaría en exceso, porque el placer de la locura sólo el loco la conoce, y mi placer linda bastante con transformar en real lo imaginario y creerme la reina del mambo, también la princesa del cuento, a la que le ocurren ese tipo de cosas que la gente no suele planear ni siquiera calcular en las posibilidades de su destino. Cuando alguien te dice eso de “esto sólo me pasa contigo”, pues a mí me pasa muy a menudo, que me lo dicen, porque yo ha llegado un punto de locura, o vete tú a saber, racionalidad y realismo, en que no acierto a distinguir cuáles de las cosas que me pasan pertenecerían a la categoría de lo increíble.
- Esto sólo me pasa contigo.
- Ya, pero esto sí lo distingo.
- ¿Es real?
- Es tan real que parece imaginado. O está tan bien imaginado que parece real.
- Has dicho que sí lo distinguías.
- Ya, pero es que eso depende de lo que tú hagas, o de lo que no hagas, pero de lo que yo esté pensando o imaginando mientras tú haces, deshaces, o te quedas ahí parado.
- Bien.
- De todas formas, yo suelo decir demasiadas tonterías, o no, más bien suelo decir cosas que no vienen para nada al caso. Eso es. Instalarme en los cerros de Úbeda sería lo preciso.
- Esto no puede ser real.
- Y sin embargo, gira.

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