miércoles, 29 de abril de 2009

Prudencia


- Y ¿qué tal si usamos la prudencia?
- ¿Desde cuándo?
- Desde ya.
- ¿Tú sabes lo que es?
- No exactamente, habrá que investigar, ponernos a ser prudentes.
- A ser prudentes ahora. Exactamente ahora, no creo que puedan existir las palabras “investigación” “prudencia” y “ahora” en la misma propuesta.
- ¿Por qué estás tan negativa?
- ¿Y por qué no?
- Siempre contestas a mis preguntas con más preguntas. Me descolocas.
- Y sufres y lloras, pobre. Soy mala, malísima, me siento mal cuando cojo el coche y no el transporte público. Me siento mal al escribir esto y no ponerme a estudiar las gilipolleces que olvidaré con el primer cocktail mallorquín. Me siento mal cuando no hablo con todo el mundo y no aprovecho las cientos de miles de oportunidades que se suceden siempre en el mismo instante, La bidireccionalidad me hace sentir mal, casi más que la bipolaridad trepante de entrañas mías. Qué mala soy, malísima porque he perdido ya dos jerseys, un par de chaquetas, el papel, el paquete de tabaco, las llaves, teléfonos móviles, me siento mal mujer, mal por estar cansada, por haberme quedado viendo a Buenafuente hasta las tantas soñando que algún día encontraré a alguien tan socarrón como él que me haga sentir bien, bien, genial, estupenda y maravillosa todas las horas, y dejarán de pasar las oportunidades por delante de mis narices, implacables como los trenes de mercancías esperando a que me suba en marcha. Esas putas oportunidades que dejan la pelota en mi tejado y me señalan con el dedo, como si sólo yo, y es verdad, sólo yo, tuviera toda la decisión de subirme o quedarme mirando, o girarme a esperar a otra oportunidad descarada y desesperante. Me siento mal por todo, y por todos.
- No debieras.
- Lo sé, lo sé y eso es lo peor de todo. Que sé que La Guerra de las Galaxias recaudó tres mil millones de dólares sólo en merchandising, que la tercera parte es lo que el inútil G-20 quiere invertir en sacarnos de la crisis, que lo repartirán además entre los bancos y no entre los millones de parados, que El País y El Mundo deberían ser ilegales por mentirosos y manipuladores, y que ni siquiera el uno por ciento de los españoles llegará a saberlo nunca por su fe socialista o popular, que no sabrán que son los mismos perros con distintos collares. Que quien debiera sentirse mal ahora es el Rey, porque ni siquiera el cero coma trescientos sesenta y seis por ciento de la población que vive bajo el dignamente establecido umbral de la pobreza llegará a ver un céntimo de esos mil millones de dólares. Ni siquiera verán la Guerra de las Galaxias, y el cuento del umbral de la pobreza me lo cuentan para que tome conciencia, ahorre agua y compre bombillas de bajo consumo, cuando se gastan tres millones en trajes de Milano y es sólo la punta del Iceberg, que me duche y no me bañe, que no tire la comida. Me hacen sentir mal y responsable, como si fueran esos malditos trenes de las oportunidades que me miran sin pedirme que suba, que dejan en mis manos toda la decisión, toda la decisión y nunca una milésima del poder para meterles una bomba de racimo debajo del colchón.
- Podrías hacerlo, aunque no sin responsabilidades.
- Prefieren tenerme enganchada al Tuenti.
- ¡Qué asco! Vamos a tirar huevos a la Moncloa.
- ¿Y la prudencia?
- A tomar por culo la prudencia amiga, a tomar por el santísimo culo.

lunes, 27 de abril de 2009

Quiero...


- Quiero un novio, un novio que me dé la mano y paseos por el parque.
- Mentirosa.
- Es verdad, no quiero follar, quiero que me dé la mano y pasear.
- ¡Pero tía!
- Es verdad, cojones, ¿por qué no me creéis?
- ¡Porque hace un momento has señalado al de la pantalla y has dicho que te lo querías follar!
- Ah...ya...bueno...pero después del paseo por el parque. De muchos paseos por el parque, después de esa tensión preliminar a los preliminares, las cenas, los mensajes por la noche, los descaros, frenar el coche en mitad de la calle y besarme. Ese tipo de cosas. Ese tipo de cosas como viajar de noche, a ninguna parte y a todas, a hostales perdidos de la mano de la Tierra, películas americanas independientes de los ochenta, Spike Lee, que comprenda a Tarantino. No quiero un tío al que tenga que presentarle a Rapsus o a Kase, quiero que los conozca ya. Que sea interesante, que me dé sorpresas, no un ramo de flores en el Diario de Patricia, no ese tipo de sorpresas. Luego ya sí quiero sexo, salvaje, desenfrenado, quiero despertarme al lado de él y estar haciendo el amor, toda, toda, toda la jodida mañana. Y toda la noche, y toda la vida. Quiero que estemos desnudos veinticinco horas al día, ocho días a la semana.
- Eso que dices es amor verdadero, y es imposible.
- Sólo el amor imposible es verdadero.

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