martes, 20 de marzo de 2012

Mi calle

Conozco muy bien esta calle. El rincón exacto donde comí suelo por primera vez, donde supe qué sabor tenía la tierra. El primer helado de chocolate, y toda la ropa y toda la cara de chocolate. Mis primeros zapatos rojos, y aquel vestido azul marino con manzanas que se veía bueno de verdad. Y qué vuelo tenía. Los filetes de pollo empanados con pimientos rojos infinitos que lo inundaban todo. Y la primera vez que vi una película de mayores, sin dibujos.

La primera vez que viajé sola, y el primer beso. Y las primeras lágrimas de amor. Y muchas otras lágrimas, de muerte, de varias muertes para ser tan joven. Después llegarían las del éxito, las que sólo llegan cuando uno ha crecido y va sabiendo que la vida es ganar y perder todo el tiempo. Y todo lo que he ganado, y las pocas veces que he perdido, pero ha sido tanto.

Conozco muy bien esta calle. Los edificios que me han dado vida y a los que he sabido venerar. Las canciones que me definen y los olores que no han dejado de acompañarme. Los trenes que me han subido y me han traído a cada etapa, me han bajado en cada estación y me han llevado a los lugares en los que tenía que estar, y que no siempre han sido los que quería, o los que debía. Y los libros que me han sacado de esta calle, y me han dejado conocer bien otras.

Todo lo que he oído, y todo lo que he hablado, lo conozco muy bien. Cada voz, suave o áspera, de cada garganta. Cada persona que ha caminado por esta calle que conozco tan bien, de la mano, abrazándome o a empujones.

Conozco muy bien esta calle, y la conozco porque esta calle es mi vida, y en los últimos tiempos no he dejado de pensar en ella. Recuerdo cada trazo porque he dejado de recorrerla para pensarla. Para capturar y guardar en cada uno de mis cajones cada imagen, hasta formar la película entera. Y la recuerdo porque ha llegado el momento de cruzar. Esperar a que el semáforo esté en verde. Y descubrir el resto de la manzana.

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